

Los niños y los recién nacidos a menudo padecen de insomnio, puede que sea ligero, pero muchas veces llega a ser realmente molesto. Esto es así tanto si se trata de un niño, que luego se levanta cansado y con poca energía para afrontar el día a día, como si es un bebé, que dormirá durante el día como consecuencia de su insomnio, estando así falto y limitado de las informaciones de su mundo diario, lo que le privarán o retrasarán en cierta medida su buen desarrollo neuronal y nervioso, ya que ese sistema nervioso es incapaz de aprovechar toda la gama de estímulos que el día a día le aporta para su crecimiento y desarrollo, debido a que se encuentra cansado para poder hacerlo. Además, será un niño que estará inquieto e irritable, porque no ha descansado por la noche. Un niño que, ya desde sus primeros inicios de vida, no duerme y no descansa es un niño que en el futuro se retrasará en su desarrollo y padecerá una salud débil, consecuencia de un sistema nervioso que no ha podido y no puede descansar lo que necesita durante la noche.
Cuando como osteópata veo a este niño pienso en lo que puede haber padecido durante el embarazo, tensiones e informaciones mal gestionadas que había en el día a día en sus padres y que él, aun estando en el vientre materno, ya era capaz de recibir y, por tanto, de gestionar de manera que provocaron tensiones que todavía siguen presentes en su día de hoy.
Además, pensemos en los partos no fisiológicos que se llevan a cabo hoy en día, llenos de excesiva medicación e intervenciones no necesarias, que junto con el estrés materno durante el parto, van sumando tensiones en el cuerpo del niño. Además de todo ello, ya desde el primer día de vida, el recién nacido y el niño viven en un mundo familiar a menudo lleno de tensiones y que él no sabe gestionar, provocando tensiones y alteraciones en la fisiología de su sistema nervioso.
Como osteópatas trabajamos la estructura corporal con mis manos, toco su cráneo, su pelvis, su columna… y me encuentro con partes de su cuerpo inmóviles, tan inmóviles que impiden que el sistema nervioso de ese niño pueda actuar para que la función del sueño se lleve a cabo.
¿Acaso puede alguien, incluido un cerebro, unos nervios, y una médula espinal entre otros, hacer su función cuando no reciben un buen flujo sanguíneo y sufren compresiones que les impiden trabajar como la naturaleza los ha diseñado?
Si no pueden trabajar, el insomnio será el efecto, y no la causa.
Fuente: lamarinaplaza.com



